domingo, 4 de enero de 2015

LUEGO DEL ENOLA GAY



FINALISTA Ciencia Ficción Fantasía y Terror: "Cryptshow 2009".  Barcelona - España.

AYER SERA OTRO DIA © luego del enola gay.

9 Relatos de Ciencia Ficción.
Registro: Jan 5, 2015 2:59:03 AM UTC | Código: 1501052906627
Tipo: Narrativa, Relato
Autor: Jorge Valentín Miño Pazmiño .

LUEGO DEL ENOLA GAY


Tuve acceso a los archivos por casualidad. Mi tarea es la limpieza no el psicoanálisis. Cuando por mi imprudencia, se cayeron los archivos del estante me encontraba decidiendo si desmantelar o no una construcción de tela de araña crecida en un rincón, apática como una flor que halla suficiente el foco de 25 wats para hacer su fotosíntesis y puede vivir a plenitud en el estudio del Dr. K.
Solté la escoba y me incliné para recoger las carpetas. Atribuyo a los sedantes matices otoñales usados en hilar la alfombra, a su diseño de raíces y hojas; al magnífico aroma que encerraba —apenas ayer la había desinfectado con sol y detergente—, el que me haya tumbado sobre ella para ojear los documentos de investigación. Reparé en su fotografía. Su cara era común, podría pasar su rostro como el empleado del mes en Rastys o el vendedor de la semana en Toyo, sin embargo su gorra, la escarapela militar, las estrellas en la pechera y la forma de mirar, lo segmentaban: Cap. Reeves Cornwell lapidaba, con manuscrita en tinta verde bajo el retrato. Hojas amarillentas, foto en sepia, subrayados importantes en rojo, pies de página a lápiz con letra oscura, una gran mancha de café que se había filtrado hace tanto tiempo anegando decenas de hojas.
—Pase Reeves... lo estaba esperando —Dr. K. se levantó de la mesa con falsa solicitud, derramando la taza de café sobre los expedientes. Se apresuró a buscar en las gavetas un paño para corregir su imprudencia. La mancha crecía y ahora rozaba los linderos del escritorio para gotear sobre la alfombra. Reeves brincó de la silla y le tendió su pañuelo de bolsillo, haciéndole prometer que se lo regresara lavado y planchado en la próxima sesión—. Revisaba su expediente —retomó el habla mientras limpiaba—. Sus sueños son complicados, la exploración revela pulsiones internas por liberarse de los lazos paternales: bombas demasiado alargadas como los cuellos de las mujeres de Modigliani. Soñar en hongos revela miedo por aceptar las fantasías de la niñez; gnomos, hadas, unicornios... todo ese arsenal fantástico del bosque lucha en su interior por no morir. Un rezago del rodaballo de su primera niñez, que brinca fuera del agua estrangulado por el oxígeno de una tercera vejez, a su vez que se debate en la obligación de matar su niño interno —Retomó el aliento tras la frase larga.
—Tercera vejez, primera juventud, quinta de Beethoven... ¡Basta doctor! no puedo dormir, las pastillas no hacen efecto. Mi vida es una mierda —concluyó, declinando la voz desde el grito al elemental susurro, mientras desabrochaba los botones de su camisa y se tendía en el sillón para un nuevo sondeo.
K. se acomodó a su lado con una libreta y un lápiz para atender su ración de sueño ajeno. Esta circunstancia en que le ponía su profesión le había convertido en un desvalido pichón que espera, con impaciencia, la llegada de las aves mayores y abre el pico para que le regurgiten.
—¿Usted sueña Margarita?
—Supongo... cuando era joven soñaba más, en una ocasión soñé que...
—Yo ya no sueño. De tanto escuchar los sueños de los pacientes, quedo repleto —recordó las palabras de K. tumbándose con la carpeta de Reeves entre las manos hasta dejar cómoda su nuca sobre un cojín y enterarse de trozos de la vida clínica de Reeves:

Sesión AT—7890
...oprimir el botón para encender la luz es algo reflejo. Encender o apagar las direccionales, girar la perilla para que cese el agua de la ducha, hacer saltar con el pulgar el fuego del encendedor... —párrafo ilegible por la mancha de café—, aplastar el diamante negro para que caiga la bomba. El gran hongo, el gran silencio, el alejamiento para que la radiación no nos alcance, el cálculo de las víctimas, la medalla que nos impondrán y luciremos orgullosos en los desfiles, el posible final de la guerra... el planeta que va cambiando de colores como el sabor de una ronda de tequilas, hasta que desaparece envuelto en un pañal bermellón, incendiando a las criaturas enemigas. Millones de bastardos alienígenas que pasan a la condición de cadáveres, que se evaporan en un solo destello del mismo tono rosa que el humo de los cigarrillos que se fuma el comandante, rapidísima sublimación, sin dar tiempo a los cuerpos para que vayan sedimentando en ellos los elementales gusanos, sin dar pie a las patitas de los moscardones a que parpadeen sobre la carne, sin dar tampoco espacio a que los gallinazos limpien la guerra…

Sesión AT—7893
Extraño las guerras de antes. La espada al cinto, hacer largas marchas al campo de batalla entonando una cancioncilla. Enfrentar al enemigo solo con un tambor. Soltar la carga y encender la Reina de Tokyo para atiborrarnos de blues o neorock gospeliano hasta llegar a la base y conocer el daño causado al enemigo... Mil bajas… A los dos días de vagar comí un conejo que había muerto electrocutado en la cerca…

Sesión AT—7897
... a veces tengo un sueño recurrente.

Sesión AT—7999
... Estoy en el panteón de los seis privilegiados. El primero es el comandante que soltó la de Hiroshima, otro de ellos es Tzauweapon, el representado en los intaglios nórdicos con las orejas de paquidermo, la nariz de roedor y venerado, como semidiós, por los colonos hindúes de Copérnica. También está Becerra, el que tiró la “Gran mazorca” sobre el canal de Suez y barrió con los infieles; también ella, la subteniente Melliza Egas, la que soltó la primitiva bomba de hidrógeno, sobre la cara oculta de la Luna para barrer a ocho tribus judías de esos asentamientos... —párrafos ilegibles por la mancha de café—, ... el Mariscal Negro y luego yo, el contemporáneo, el que soltó la bomba de implosión sobre Rigel para convertirla en una supernova y arrasar a los doce planetas enemigos, incluidas sus lunas y satélites artificiales... la luz de Rigel iluminó la Tierra por espacio de seis días, rivalizando con la luz solar.

Sesión AT—8033
... antimateria, átomos, pulsares, acelerador de fotones, crónica roja, la no amenaza, la no respuesta, el abismo, la rendición... Diagnóstico: Culpa.
Tratamiento: Hectnosis.
(Sello de la CVG —Clínica para Veteranos de Guerra— y firma el doctor K. al pie del documento).

Sesión AT—8112
Reeves muestra notable mejoría. He conseguido resituar su mente y cuerpo. Ahora acepta que la división de átomos que hizo saltar Rigel en pedazos corresponde al divorcio y separación de bienes de un matrimonio del lugar; allá aplican al pie de la letra el asunto de dividir todo por la mitad. El átomo inicial pertenecía a un candelabro de plomo que la pareja dividió en la separación de bienes... he creado un barrido de su memoria y un reacondicionamiento fractal en las partes que he borrado, las lagunas mentales están ahora rellenas con la repetición de las orillas. Nueva historia en su cabeza. Sus medallas, ahora acepta que las ganó cuando era cadete en una regata por un inquieto río de metano. Cree que no arrojó la bomba de celerios, que solo apagó la luz de una gran habitación atestada de bacterias.
Cree que las velas no se encienden con botones sino con monedas de un centavo, cree que la guerra no es una forma de motivar la innovación tecnológica y más bien está encaminada a mejorar la preparación de los mantecados de limón. Cree que yo, su psicoanalista, soy el tipo regordete y bonachón que le prepara los bocadillos con que se alebresta entre comidas, que nunca aprendió a volar, peor ir al espacio en las naves de batalla, que siempre ha sido un miembro del cuerpo de limpieza de este edificio, que es mujer, que tiene nombre de coctel “Margarita”
y que su sentido de la armonía le haría incapaz de desbaratar una tela de araña, peor barrer a toda una civilización con sus bastos imperios y milenaria ciencia, que Rigel nunca existió y que nunca estuvo en guerra contra nuestro Sol.




email: jminop@gmail.com
Ilustración: Sadock. 2013.

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